In memoriam

Virginia

    Mucha gente querría tener una vida notoria, una vida con mayúsculas, dejar una huella evidente en el mundo y al irse, que la tierra entera se estremeciera por la pérdida. Es un deseo muy humano que está, diría que afortunadamente, reservado a muy, muy pocos. La inmensa mayoría de las personas tendremos vidas pequeñas y modestas e incluso, algunos nos harán creer que son vidas prescindibles.

   Vidas doméstica como lo ha sido aparentemente la de Virginia, que con su miedo a los aviones, nunca se alejó demasiado. Vidas pequeñas, supuestamente al alcance de cualquiera, pero qué pocos logran llenarlas con tanto tino como Virginia. Ojalá mucha más gente tuviera una vida así, con más ciertos que errores, con esa plasticidad y ese empeño inagotable por disfrutar de la vida y hacerla más fácil a los demás. Y acabar tus días sin enemigos, entre una cohorte de amistades y familiares que envidiaría cualquier prohombre de la tierra. Y por si hubiera dado pocas lecciones en vida, abrazar la muerte con una serenidad que a mí, hasta que la conocí a ella, me parecía imposible.

   Y es injusto que la tierra entera no tiemble hoy, porque Virginia encarnaba todas las cualidades que permiten a la especie humana prosperar. Su capacidad de lucha, de adaptación y, por encima de todo, su habilidad social. Vir no dejaba a nadie fuera, buscaba que todos estuvieran a gusto, mediaba en los conflictos, escuchaba. No era una líder carismática, más bien una costurera que zurcía los desgarrones que salían aquí y allá. Y esos son los rasgos que en buena medida han determinado nuestro éxito, desde la prehistoria, hasta ahora y los que nos ayudarán a sobrevivir en el futuro. El afán de superación y la protección de la sociedad nos permiten pasar por encima de nuestras limitaciones individuales y progresar.

   Aunque Virginia no tuvo hijos, esas cualidades son clarísimamente patrimonio de su familia, que no solo la ha apoyado hasta el último aliento, sino que ha sido un cordón umbilical que nos ha mantenido a todos en contacto con ella hasta el final. Así que podemos confiar en que esos preciosos genes seguirán transmitiéndose muchas generaciones, de las que surgirán otras personas tan maravillosas como ella, que nos ayudarán a avanzar a todos.

   No habrá eventos internacionales en recuerdo de Virginia, no; pero los que la hemos conocido sabemos que la humanidad está en deuda con ella.

   Querida Vir, GRACIAS.

Sit tibi terra laevis

Séate la tierra ligera

B. A. - 21 de marzo de 2014